Tadeo mira poco y nada la televisión. Se deleita solo con los documentales de asesinos en serie y con los "Viernes de placer y venganza" de Discovery Investigation. Aprendió con el tiempo a querer (y admirar, por qué no) a Woody Allen, y putea a Pedro Almodóvar aunque no puede dejar de ver sus películas. Maldice en voz baja cada vez que en el veloz zapping "engancha" una película del director español, porque se ve obligado a mirarla sí o sí, y eso "le hace perder el tiempo".
Toma un mate cada tanto, tibio, inclusive frío en varias oportunidades. Le gusta el ritual, poner un mantel, preparar el tarrito de azúcar sobre el ángulo superior izquierdo del mismo, el mate en el centro, si es posible sobre la manzana que tiene como diseño el mantel, la pava eléctrica a la derecha. Deja que el agua se enfríe un poco. Toma un primer mate amargo y rápido. Al segundo le pone dos cucharadas de azúcar. A partir del tercer mate la secuencia se torna más espaciada; camina por su casa, mira por la ventana, enciende la computadora para poner música, prende el televisor en volumen cero y deja algún deporte. Es consciente de sus propias obsesiones, el volumen de la tele debe ser múltiplo de cinco, el aparato debe apagarse estando en un canal par, el zapping es descendente a partir del canal 70, obsesión que tiene su lógica porque el botón del control remoto para subir de canal ya no funciona.
A veces toma café con la esperanza de que el insomnio fomente su creatividad, pero no hay caso, hace meses que está bloqueado. Hoy es un simple fotógrafo de eventos sociales, bautismos, comuniones, casamientos. Atrás quedaron sus tiempos de fotógrafo freelance o indie, ya no hace muestras ni sale en las revistas.
El timbre de su departamento suena. Presta atención y puede percibir a unos metros el sonido del motor de una moto. Seguramente se trate del delivery de pizzas. Camina por el angosto pasillo, su departamento es el último de los vecinos. En la segunda ventana ve (y escucha) que la familia está mirando un partido de fútbol, en el primer departamento abunda el silencio.
Intenta abrir la reja que da a la calle, putea en voz alta porque se olvidó la llave, se disculpa con el chico del delivery y le dice que ya viene, "ya vengo, me olvidé la llave", pero no termina de caminar unos metros que vuelve sobre sus pasos con la brillante idea de pasar la caja de la pizza por entre las rejas. Tratan entre los dos, empujan, hacen fuerza, pero no se puede, la caja se está deformando, la pizza se enfría y la reja anti robos es también anti delivery. No tiene más opción que regresar hasta su departamento a buscar la llave, aunque no tiene la más puta idea de donde puede llegar a estar. Busca en la mesa de luz, en los cajones, debajo de la cama, en la mesa, nada. Maldice en voz alta citando los genitales de la hermana que no tiene.
- ¡¡Aguantame un segundo!! - grita desde el fondo al chico del delivery.
El chico prende y apaga las luces de la moto en señal de afirmación.
Tadeo golpea la puerta de su vecino. Sabe de su fanatismo por el fútbol, y que interrumpir un partido puede ser motivo de disputa vecinal. Le explica lo sucedido y le pide prestada la llave de entrada. Siente la obligación moral de dejarle una buena propina al chico de la pizza por la espera.
- ¿Como van? - pregunta al devolver la llave.
- Empataban, pero no sé, ahora se armó un quilombo con la hinchada y los jugadores, parece que lo suspenden.
Abre la caja para resignarse, la pizza ya no es pizza. Está fría, dura, la salsa corrida y el queso todo desparramado sobre un lado del cartón. El hambre lo puede y come tres porciones, el resto sabe que lo tirará al día siguiente en el contenedor de la esquina.
Se recuesta sobre su cama solo para recordar la enorme contractura que yace sobre sus hombros y toda la espalda y la zona lumbar. Tiene ganas de gritar, el dolor es inmenso, los calambres lo agobian desde hace varios días. Mira de reojo la mesa de luz, allí está reluciente la tarjeta blanca que su mejor amiga le había dado por la tarde, donde decía que una tal Eugenia realizaba masajes descontracturantes.
Observa el número telefónico y se promete que llamará por la mañana mientras se pregunta donde mierda estarán las llaves.
Detener el tiempo en una imagen. Inmortalizar un momento, un recuerdo. Caminar por el sendero del arte.
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lunes, 15 de junio de 2015
viernes, 29 de mayo de 2015
El trastorno de Rocker
El disco se titula "Disorder", que significa "Trastorno", y si bien Rocker ni nadie de los educadores habló hasta el momento, y se sospecha que tampoco hablarán, podemos deducir que es un homenaje a Ian Curtis y los Joy Division, ya que una de sus emblemáticas canciones se titulan así. También hay en el disco otra camuflada forma de homenajear a dicha banda, una canción titulada "Warsaw", nombre que tenía la banda antes de mutar a Joy Division.
¿Y que tiene que ver Joy Division con la música electrónica? Nada, pero claro, hay dos cuestiones a tener en cuenta. Una es que muerto Curtis, el resto de la banda mutó a New Order, más cerca al electro pop que al post punk. Otra es que tal vez "Disorder" no sea un disco de música electrónica, si bien se grabó íntegramente de manera electrónica.
Varias canciones de esta segunda placa le dan un lugar preponderante a los bajos, suenan fuerte, mantienen la línea melódica de las canciones, nada es más hipnótico que un bombo en negra con una línea de bajo permanente. Las guitarras ganan terreno en este álbum, con acordes menores en su mayoría, brindando un ambiente melancólico. Las melodías principales quedaron esta vez a cargo de los pianos, quienes ejecutando hermosos arpegios nos invitan a no dejar de oír las canciones.
Como novedad hay segundas (¡¡y hasta terceras!!) voces a cargo de violines, dando la sensación de estar en presencia de una verdadera sinfónica.
Push Rush, el primer disco fue tan solo un compilado de canciones, "Disorder" es un poco más ambicioso, sin llegar a ser una ópera, queda claro que se buscó un concepto de álbum. Y fue así que en la búsqueda de ese concepto, se dejó entrever, quedaron afuera algunas canciones que tenían destino de hit, pero que hubiesen quedado descolgadas, ya que nada tenían que ver con el resto de la obra. Se especulaba también con un disco largo, no menos de 14 canciones, pero finalmente la placa consta de solo 10 temas. Como todo gran disco y gran obra, nos deja con ganas de más, mucho más.
Habrá que esperar.
Track List.
01- Here I come.
02- Dark Run.
03- Finish it Yourself.
04- The ghost from Open Door.
05- Freak Show.
06- Move to Belinda.
07- Nurse Love.
08- The geisha's Requiem.
09- Warsaw.
10- The last Jazz.
ESCUCHA Y DESCARGA EL DISCO COMPLETO DESDE DISORDER - by ROCKER & THE EDUCATORS.
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Necochea, Buenos Aires, Argentina
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